29 jul. 2009

Personajes en Recitales

¿A quién no le gustan los recitales? Son uno de esos momentos donde despilfarrás adrenalina, donde podés disfrutar de la banda que te gusta tocando para vos a un par de metros y sentís la música en todo tu cuerpo. Buenísimo. Pero también son lugares de encuentro de personajes algunos graciosos, algunos molestos y algunos directamente asqueantes, como sacar sin guantes los pelos de la ducha de un vestuario de un bar de camioneros. Veamos algunos:


- El Gordo Sudoroso: En todos los recitales encontrarás por lo menos uno de estos especímenes. Ahora, lo que sí varía es el hecho de si tiene o no la remera puesta. En recitales de los Rolling, Piojos y esa onda, clave que no tiene remera y vas a tener que fumarte en pipa su sudor con olor a salame picado fino. En cambio en recitales de Miranda!, Babasónicos, etcétera, tendrá una remera matámbremente ajustada donde se podrán apreciar esas aureolas por haber saltado en dos temas.

- El Poguero: Este es un personaje totalmente sacado, y creo, sólo creo porque la verdad no estoy seguro, que existe sólamente en Argentina. No estoy hablando de gente que se saca en recitales de Korn o Pantera, ahí se saca cualquiera, sino de los que agitan en recitales o temas totalmente sin sentido como por ejemplo, y esto lo viví, gente que cuando The Police estaba tocando Every Breath You Take saltaba sacada como si el piso quemara. Yo volando escuchándolo a Roger Waters cantando Comfortably Numb y un sacado adelante pogueando como si fuera La Renga. Todo bien con la saltada sacada, pero cuando el tema amerita, en un recital de Sonata, de Nightwish, de Ozzy, etc.

- El Superfan: Se sabe todos los temas de memoria, todas las letras, todos los nombres de los miembros de la banda, el nombre de los plomos, del sonidista, del loco de las luces, del que escribió una nota sobre ellos en una revista. Si lo tenés al lado, vas a sufrir como mina a dieta en navidad, no vas a poder escuchar nada porque lo vas a tener gritando en tu oído y va a llorar más que Nazarena Velez. Recomendación importante, si lo ves, alejate.

- El Fan guiño guiño: Conoce sólo uno o dos temas, no más. Está callado y tranquilo durante todo el recital esperando a que los toquen, y cuando lo hacen, se transforma en una mezcla entre el poguero y el superfan, saltando como un sacado y gritando el tema para reivindicarse por todo el tiempo tranquilo y hacer valer los cien mangos que le dolió la entrada.

- La Minita Molesta que se trepa a la gente: "¡No veo nada! Alzame por favor" y automáticamente tapó la visión de por lo menos veinte personas atrás de ella. Aunque te jode de sobremanera que te tengas que andar corriendo para ver porque hay una loca encima de un flaco, es demasiado gracioso escuchar la cantidad de cosas que le gritan para que se baje. Tenés que tener los huevos de acero para bancarte toda esa maraña de insultos. Yayo y el Guachón quedan como nenitos de kindergarden al lado de las puteadas magníficas que se pueden llegar a escuchar en esos casos.

- La Minita que mide 1,20: Algunas de estas caen en la categoría anterior, pero no todas. Hay algunas que se van lo más adelante posible para poder ver algo, dado que en el campo, a menos que midas más de 1,80 tenés una visión limitada y podés respirar menos que Sandro. Antes de que empiece el recital, estar adelante no representa una molestia, pero cuando empieza, difícilmente, siendo una minita de 1,20, puedas aguantar el peso de toda la gente empujándote contra la baranda. Resultado: Terminás desmayada en la carpa médica. No entiendo por qué no sacan platea, sabiendo que esto les va a pasar.

- El que va con su novia: Este es fácil de identificar, es el que desde que entra hasta que termina el recital está por lo menos con una mano encima del hombro de la mina. Se mantiene fijo durante los saltos y demás. La mano en el hombro es incondicional. Ni la gotita pega tan fuerte dos cosas.

- El Bajonero Gruñón: Los recitales son momentos de felicidad y emoción, pero este personaje no entiende de esos sentimientos. No sé si porque fue obligado, o porque le regalaron la entrada y no tenía amigos a quién dársela y no iba a andar tirándola, o por simple boludo. Es el que se enoja si la gente salta, si la gente canta, si la gente grita, si la gente respira, si la gente transpira, si la gente mira para el costado, si la luz del escenario ilumina al que está al lado de él y el reflejo como que le da un toque en el ojo izquierdo y le hace recordar a su mala niñez. Básicamente le jode todo, y mantiene una cara de culo tan importante que es capaz de sentarse en un helado y poder decir de qué sabor es.

- El Cocacolero/Saladixero/Garrapiñero/Etc: Después de luchar durante mínimo media hora para hacerte lugar en ese mar de cuerpos y encontrar el lugar perfecto desde donde ver, pasa este señor pidiendo permiso, te corrés y viene algún puto y te saca el lugar. Y ni que hablar cuando se le cae un vaso de coca enterito en tu cabeza, ahora no sólo vas a tener olor a cementerio inca cuando salgas sino que aparte vas a estar más meloso que Winnie Pooh.

Y ahora sí, espero sus agregados.

15 jul. 2009

Clientes Molestos

Siempre existieron personas molestas, irritables y asquerosas, pero hasta que a algún boludo se le ocurrió eso de que el cliente siempre tiene la razón, lo mandabas a freir papas y listo. Ahora no se puede, ¿Cómo vas a mandar a cagar a algún cliente? Y dentro de los que se merecen una buena trompada se encuentran varios estilos de molestos. Voy a intentar hacer una especie de resumen de todos estos tipos cosa de que si alguno en algún momento quiere armarse algún negocio pueda tener idea de con quien está tratando y aplique las técnicas apropiadas para contrarrestarlos.

El Indeciso

Este es un especimen especial, entra a un negocio sin la más mínima idea de lo que va a comprar, entra por incercia, el clásico ví luz y entré.

Cliente: Media docena de carne por favor.
Panadero: Sí, cómo no. (Y las prepara)
Cliente: Pará, y agregale dos más de pollo.
Panadero: Bueno. (y se pone a agregarlas)
Cliente: No pará, mejor sacame dos de carne, pone una de humita, calenta la de jamón y queso, hace una mortal hacia atrás y poné una más de pollo.
Panadero: A ver si entendí, básicamente querés 4 de carne, 3 de pollo, una de humita y una de jamón y queso, ¿no?
Cliente: Seh.
Panadero: De una. ¿Te las caliento?
Cliente: Hmmm, calentá las de pollo nomás, el resto como frío. ¿O las caliento después? Nah, mejor calentalas a todas.
Panadero: Bueno (y se pone a calentarlas)
Cliente: No, ¡Pará! Hacé una cosa, no las calientes nomás, mejor cambiame una de carne por un vigilante, saca las de jamón y queso y ponelas encima de las de pollo mientras caminas en un pie silbando la marsellesa y a la de humita ponela en otra bandeja con un pedazo de pan.
Panadero: ¿Vos sos pelotudo o hijo de Marley?
Cliente: ¡Che! Pero que actitud de mierda, ¿Sabés qué? Dame un cuarto de pan y listo.
Panadero: Acá tenés puto, chau.

¿Cómo podés contrarrestarlo? Dos cosas. Primero, no hagas nada, movete menos que un caracol en coma, hasta que el loco se decida. Y aún así, espera un mínimo de 10 min mirándolo con cara de pan por si hay cambios de último momento. Y segundo, necesitás más paciencia que para hablar 5 min con Julian Weich sin tirarle una granada en la boca.

El Ignorante

Esto se suele dar mucho en ferreterías. Cae alguien que no tiene la más mínima idea de cómo se llama lo que le falta, no sabe como describirlo, no sabe absolutamente nada, pero aún así, espera que vos le resuelvas el problema dado que "ese es tu trabajo".

Ferretero: Buen día señora.
Cliente: Hola, estoy buscando un cosito negro de goma que se me rompió.
Ferrentero: ¿Cosito negro? ¿Lo tiene acá para que lo veamos?
Cliente: No, lo tiré, si no servía para nada.
Ferretero: Bueno pero nos hubiera ahorrado bastante tiempo, pero bue.. ¿De dónde lo sacó?
Cliente: No sé, ahí abajo de la canilla de la cocina.
Ferretero: Ah me imagino más o menos lo que quiere, espere acá ya se lo traigo. (Lo busca y se lo trae) ¿Este es?
Cliente: Hmmm, no sé, es parecido sí, pero no sé si era exactamente así.
Ferretero: ¿Su canilla pierde?
Cliente: Seh.
Ferretero: Esto hace que no pierda más.
Cliente: Bueno, pero ahora que lo veo bien, me parece que no era tan así, estaba un poco más gastado en un costado, y tenia medio un agujerito un poco más grande.
Ferretero: Eso es porque este es nuevo y el suyo no.
Cliente: Bueno pero capaz si me lo gasta un poquito estaría más segura, pasa que así no es como lo recuerdo.
Ferretero: Es un cosito negro de goma, ¿no? Acá tiene un cosito de goma.
Cliente: Bueno pero, ¿No lo podría gastar un poquito al agujerito? Porque yo me acuerdo que estaba más gastado, y no quiero comprar si después no me va a servir.
Ferretero: Señora, vamos de nuevo, este cosito negro de goma .. ¡ES NUEVO! El suyo.. ¡NO! Por eso tuvo que venir a comprar otro, porque el otro ya estaba GASTADO. ¿Se entiende?
Cliente: No tiene por qué hablarme así, ¿sabe? A mí mi portero me explicó cómo tenía que pedirlo.
Ferretero: ¿Su portero le dijo que lo pida como un "cosito negro de goma"?
Cliente: Sí, y el siempre sabe todo, el otro día me arregló el inodoro. Así que no se haga el que sabe más que él.
Ferretero: Bueno haga una cosa, lleve esto y dígale a su portero que se lo meta en el culo a ver si sigue goteando.

¿Cómo podés contrarrestarlo? Cuando llegue pidiendo algo, simplemente ponga todos los artículos que correspondan con su explicación más básica que la soda cáustica y que sea el cliente quien pierda el tiempo viendo cuál es mientras usted implementa el tiempo en algo mejor como contar grietas en el techo o ver de qué tantas maneras podés decir que Rial es una garrapata que vive de chuparle la sangre a los demás.

El Sobrador

Este especimen está convencido que sabe más que cualquiera de cualquier cosa, aunque en realidad tenga menos idea que Karina Jelinek. Llega a cualquier lugar e intenta enseñar a quien es especialista sobre el producto que vende. Suele pasar muchísimo en talleres mecánicos, pero no se limita a eso, este tipo de clientes pueden entrar a un prostíbulo e intentar enseñarles a las putas como ser gatos.

Cliente: Hola, vengo a buscar una zapatilla.
Vendedor: Bueno, ¿Para qué la necesita?
Cliente: Para jugar al tenis con los pitufos, boludo. ¿Para qué la voy a necesitar? Para conectar muchas cosas a la misma toma.
Vendedor: Pero señor, depende de qué quiera conectar, hay distintos tipos de zapatillas.
Cliente: Hacé una cosa, dame la zapatilla esa que tiene muchos lugares donde enchufar, y un enchufe a la toma. Esa quiero, no es tan difícil lo que te pido.
Vendedor: Pero señor, si usted conecta una heladera y un microondas a una zapatilla que no esté preparada para eso, se puede sobrecargar la red e incluso quemarle alguna de las cosas.
Cliente: Mirá, yo laburé 10 años en Siemens, ¿A mí me vas a venir a boludear? No pasa nada, dame la más barata y listo.
Vendedor: Escúcheme, se le va a...
Cliente: ¿No me estás escuchando? Quiero la más barata, pero la puta che, sos más boludo que un pavo con retraso.
Vendedor: ¿Sabés qué? Toma tu zapatilla, y ojalá que te llueva mierda mientras se te quema toda la puta casa, forro.

¿Cómo podés contrarrestarlo? Muy simple, dale lo que quiere, no intentes aconsejarlo en nada, cuando se le queme la casa te va a putear más que a la mesa contra la que se golpea el dedo chiquito a la noche medio dormido, pero va a aprender.


Y conmigo qué pasó se preguntarán, por qué desaparecí tanto tiempo dirán. Cuenta la leyenda que ya me estaba por recibir ahora, con lo que me puse a estudiar como tarado, pero resulta que vino juan gripe porcina, cerraron la facu, y ahora estoy más al pedo que la gente que va a los actos de Cristina.