4 jun. 2009

Elevator

Claramente el ascensor tiene un lugar especial en nuestra vida en la city. Habiendo tantos edificios, tantos pisos que subir y menos ganas de usar la escalera que Stephen Hawking, simplemente no nos queda otra que la comodidad del ascensor. El tema es que, si bien tanto lo usamos, todavía no podemos sacarle bien la ficha a todos sus secretos. No sabemos como comportarnos en el ascensor, un lugar tan chico, con tanta gente o con una sola. Es un momento incómodo, no tanto como que tu suegra te encuentre en la pieza de su hija en bolas con una bikini de crema chantilly, pero incómodo al fin.
Hay varios personajes con los que te podés encontrar en un ascensor, y cada uno tiene su manera especial de actuar en ese entorno. Tenés el que entra y empieza a jugar con las llaves, boludea, las da vueltas, hasta que al fin agarra la que necesita para entrar a su casa y ya la tiene preparada. Tenemos también el ermitaño, el que se para con la cara a 3 cm de la puerta, no habla con nadie, no se mueve, no mira hacía nada ni hace nada, se queda parado, como estatua, mirando hacia la pared y/o puerta. Tenemos también el/la heredero/a de Narciso, lo primero que hace al entrar es encontrar el espejo, y de ahí enfrente no lo sacás más, que se arregla el pelo, y la ropa, y como tiene el maquillaje, y qué onda el saquito, etc etc. También está la tímida, la que apenas entra, mira para abajo y si le llegás a preguntar algo por alguna razón, como a qué piso va, responde medio entrecortado, como con miedo (fíjense que esta vez no dije razón mágica, preguntar a qué piso va no necesita de mucha magia que digamos, a menos que seas el mago Emmanuel que para decir cualquier boludez necesita imperiosamente sacar las cartas o algún que otro pañuelo). Después tenemos el clásico tachero, que necesita sacar conversación a como dé lugar, "¡Qué frío está haciendo!","Lindo el partido de boquita eh", etc. A veces, incluso puede derivar en el metido, ese que te intenta dar consejos de vida en el minuto o menos que dura el tiempo en el ascensor, "Ah ¿Estás leyendo a Cortázar? Hmm, no sé, me parece que no tendrías que leerlo así nomás, yo cuando lo leo prefiero poner un sahumerio y llorar", "No tendrías que salir tan desabrigado, tenés que cubrirte más el pecho, yo tengo una hija a la que no le dejo salir si no tiene la bufanda o alguno de esos buzos que llegan hasta arriba (señalando), hasta ahí ¿viste?".

¿Me olvidé de alguno?